Santiago Trujillo: haciendo camino al soñar
Perfil del actual secretario de cultura, recreación y deporte de Bogotá.

Si se hubiera encontrado con un puñado de los artistas modernos colombianos – incluidos los locos de abril a los que dedicamos esta edición de Punto Creativo-, creo que habrían tenido una interesante conexión. Pues tal cual ellos, Santiago Trujillo, lucha día a día para que no se pierda el derecho a imaginar.

Reconoce las propuestas artísticas como un medio de comunicación universal, gracias a su formación como comunicador, músico, entre otras áreas. Y una vocación de gestor cultural que le explota en los ojos cada vez que habla de un proyecto, incluso controversial; consciente de que las expresiones culturales se hicieron para conmover, incluso para incomodar, pero jamás para servir a algo distinto que a la sensibilidad humana.

Se define como guionista de sus propias épicas, intérprete de sus sinfonías. Hábil en el relacionamiento, y consciente de las particularidades de los mares políticos, ideológicos e institucionales que hay que aprender a navegar cuando se sueña a gran escala, exaltando la escucha como la herramienta fundamental en su camino cultural.

Trasegar profesional en el que ya completa un muy significativo abanico de logros académicos, sociales y culturales como: cofundar IDARTES, liderar Jazz, Hip Hop, Rock y Salsa al parque, así como el programa de atención integral a la primera infancia  desde el arte, ser sub director de la Filarmónica de Bogotá, director del programa de Cine y Televisión de la maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual, y de la Maestría en Dirección de Cine de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá. Sumado a decenas de talleres de gestión de proyectos culturales en el territorio nacional, alianzas, proyectos, títulos e ideas.

Juventud, la exhala energéticamente y con un arrojo que ha moderado su experiencia en el sector público, y un hogar de padres amorosos que inculcaron la disciplina que lo hizo violinista, y que le permite ver posibles donde otros han visto imposibles.

Criticado mejor que ignorado, intentar mejor que dejar pasar. Lo suyo no es evitar el conflicto sino promover el encuentro y el diálogo hasta encontrar el camino para hacer realidad las ideas, con un respeto e incluso análisis de la diversidad que lo mantiene por momentos en bemoles que, maneja tal cual como en el violín: bajándole medio tono a la nota.

Reconoce el positivo impacto de la migración venezolana en el desarrollo musical de Bogotá, y se ocupa de integrar a las comunidades migrantes a diversidad de programas de la secretaría de cultura, entendiendo el reto de una ciudad multiétnica, también como una oportunidad de crecimiento de las habilidades individuales y colectivas.

“El arte le permite a uno ver más allá de uno mismo, y en el otro diverso, en ese alguien que está más allá, un universo posible de relaciones, de afecto, de experiencias”. Considera el arte como un gran activo social, en especial para una ciudad miscelánea en todo orden, como lo es Bogotá. Pues gracias a experiencias como Barrios Vivos, La Bienal de arte de Bogotá, FIAV, Estrategia Estar Bien, Laboratorios de Creación de Paz y Cultura Local, ha confirmado el arte como el más asertivo camino a la sensibilidad. Expresiones humanas que dotan al espectador de preguntas, ampliando su visión y abriéndole espacios amables en favor de la salud mental.

Experto en diseño y gestión de proyectos, es simpático como al pedirle que resuma la importancia de estas habilidades y conocimientos en un gestor cultural, se desprende de lo académico y aterriza una fórmula tan frugal y emocional como le es posible: “Un proyecto más que un proceso formal en el que hay que dominar ciertas competencias, en la manera de redactarlo, diseñarlo y ponerlo en valor ante otras personas, es sobre todo poder concretar una idea que te cautive, que te emocione, y que no solo sea pertinente para ti, sino para la comunidad en la que vives (…) hacer realidad un sueño”. Visión respecto a la cual nos comparte este políptico de pasos para llevar a buen término esos sueños culturales que suceden más en reuniones de amigos que en oficinas: 1. Leer las necesidades culturales visibles del entorno. 2. Soñar en equipo. 3. Calcular riesgos. 4. Aterrizar las ideas en acciones viables. 5. Poner tareas y hacerles seguimiento. 6. Conseguir aliados. 7. Comunicar acertadamente. 

Siete pasos que aplica hoy con su equipo de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, de la que se encuentra al frente en calidad de secretario desde el inicio de la alcaldía de Juan Manuel Galán el 1° de enero del 2024, desde donde ha marcado una serie de interesantes hitos culturales, entre ellos uno muy importante en términos de inversión y visibilidad para las artes plásticas: La Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25, que entre variados aprendizajes, le dejó a Bogotá singulares memorias acerca de otras formas de relacionarse con el espacio público.

Los videos en redes sociales recorriendo algunas instalaciones artísticas dejan memoria de su emoción por este proyecto en particular. Lo recuerda como una experiencia poderosa que le enseñó incluso a él a desenfadar la mirada en medio de las tensiones propias de la ciudad, observando ese efecto en otros transeúntes que, al ser sorprendidos por arte en sus espacios de tránsito cotidiano, encontraron: preguntas, novedosas posibilidades de habitar la ciudad, e incluso caminos para acercarse al optimismo, a valorar la diferencia, sin desconocer las falencias, las carencias y los problemas, desde infinidad de realidades. “Una diversidad que no nos fractura, si no que nos une” -asegura-. Memorias que le dejaron una especie de mantra a su corazón: “En Bogotá somos capaces de soñar colectivamente”.

Se le ve cómodo, siempre que lo he visto en el barrio San Felipe, me queda esa sensación. A la entrevista que da orígen a este texto ha llegado solo con un miembro de su equipo, como quien llega a una cálida visita. Nos reciben amablemente en la terraza de la Casa Rosada, y sentado desde ahí, evoca los procesos culturales como un diástole y sístole, por lo que tienen de intercambio, el imperativo de la sana fluidez y sin duda, su importancia para el corazón.

Más allá de ser claro en el positivo impacto social, cultural y económico que tienen los distritos creativos de Bogotá en general, y San Felipe en particular, los considera unos escenarios de inspiración permanente. Entendiendo la inspiración como ese activo invaluable que ha gestado todo lo que tenemos a la mano en la actualidad, dentro y fuera de las artes. Es por ello que insiste en reconocer lo que falta y comenta que hace todo lo posible en alianza con otras secretarías del distrito para: el mejoramiento de la seguridad, la iluminación y la infraestructura del barrio artístico insignia de la capital colombiana a la fecha.

Ha tenido maestros dentro y fuera de las aulas: en los libros, en la sabiduría popular, en la visión de los líderes y las líderesas comunitarias, en la música, en el cine; al lado de sus dos profesoras de violín y mediante el ejemplo de gestores culturales leyenda de Colombia como: Ramiro Osorio, Octavio Arbeláez y Fanny Mikey.

Habla de mapas sonoros, del poder de las historias, de la expansión del espíritu a través del arte, de obsesiones que hacen sentido y construyen valor, del respeto por la técnica, de la construcción activa de la diversidad y la identidad local, de la importancia de saber priorizar y de rodearse de un buen equipo. Afirmaciones que confirman no solo el camino recorrido y su posición como líder cultural, si no el compromiso que tiene con el conocimiento, lo que es una fresca certeza en tiempo de infinidad de incertidumbres.

Sentado en las Delicias de Rosita, considerado el mejor corrientazo de Bogotá, o al frente del podio inaugurando una obra o un evento, con las sumas y las restas que todos llevamos encima, los adeptos y los detractores, en Santiago Trujillo hay un halo de auténtica vocación cultural, que es grato sentir en alguien que lidera los destinos de la cultura en nuestra capital. Sobre todo, en tiempos de pánico a la inteligencia artificial vs la creatividad humana. En una lucha que, creo que como pasó con la fotografía en tiempos del retrato pictórico como memoria personal angular, potenciará vocaciones y nos hará testigos de otros gestores culturales que, escuchando, liderando, he incluso herrando, confirmen tal cual Santiago Trujillo que, en cultura, se hace camino al soñar.

María del Pilar Rodríguez Saumet

Editora Revista Punto Creativo